Cada verano me pasa lo mismo: llevo turistas por Bardolino y tardamos quince minutos en cruzar una calle que en condiciones normales se cruza en treinta segundos. Y cada octubre me pasa lo contrario: llego al mismo sitio y por un momento pienso que me he equivocado de pueblo, de lo tranquilo que está. La gente cree que el Garda "bueno" es el de julio y agosto, con el lago lleno de barcos y las terrazas a reventar. Yo llevo años enseñándoselo, y os puedo asegurar que el Garda que de verdad merece la pena empieza justo cuando se va el turismo de temporada alta.
Por qué cambio mis rutas de verano por las de otoño
No es solo que haya menos gente, que la hay, y se nota en todo, desde el precio del alojamiento hasta poder sentarme donde quiera en cualquier osteria sin esperar. Es que el paisaje cambia de verdad. En los bosques de Lessinia y en las laderas del Monte Baldo, octubre y noviembre pintan el verde de rojos, naranjas y ocres que en pleno agosto ni te imaginas que están ahí. Camino las mismas rutas que en julio y parecen otro sitio completamente distinto.
Lo que solo veo caminando en esta época
Los pueblos recuperan su ritmo real, el de antes de que llegara el turismo de verano, se nota en cómo habla la gente, no solo en que haya menos colas Los bosques de Lessinia y las laderas del Monte Baldo se llenan de rojos y naranjas que no vas a ver en ninguna otra estación Las temperaturas son perfectas para caminar varias horas sin agobiarte, ni frío de invierno, ni el calor pegajoso de julio Los precios de alojamiento bajan bastante fuera de temporada alta Los cielos se despejan más, y eso significa atardeceres mucho más claros vistos desde el mirador del Monte Baldo.
Rocca di Garda: el mirador que resume todo esto en una sola caminata
Si solo puedes hacer una ruta en otoño, yo elegiría esta. Rocca di Garda es una caminata de dificultad fácil-media, entre 6 y 8 km y un desnivel de 250-300 metros, que termina en uno de los mejores miradores de todo el lago. La hacemos los martes, en grupos de hasta 10 personas, y dura unas 3 horas, el tiempo justo para subir sin prisa, parar a explicar lo que se ve desde arriba, y bajar con tiempo para comer algo en el pueblo. En otoño, además, se le suma el aliciente del paisaje: subes entre bosque que cambia de color casi semana a semana.
Las plazas de los martes se llenan rápido en cuanto empieza a correrse la voz de que ha llegado el otoño, no es un grupo grande, así que si esta temporada te encaja, mejor no dejarlo para el último momento.
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